Seguramente no sabías esto de las hamacas yucatecas.

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Las hamacas de Yucatán no son solo una bella muestra de artesanía, son también el lugar más cómodo para relajarse, leer, dormir o descansar… El suave tejido de la hamaca yucateca forma una fina red que se adapta ergonómicamente al cuerpo, pero en sus inicios era un tanto diferente a cómo la conocemos hoy. En este blog queremos contarte un poco de su origen, así como algunos datos curiosos e interesantes que seguramente no sabías.

Algo que quizá no conocías es que las primeras hamacas no se tejieron en Yucatán, sino en las Antillas, donde la palabra “hamack” hacía referencia al árbol del cual se extraía la corteza con que eran confeccionadas. La hamaca logró su llegar a las cálidas regiones tropicales gracias a los viajeros que las adoptaron para dormir de manera fresca lejos de sus hogares. Una de las razones que las hamacas se hicieron populares en América Central y del Sur fue su capacidad para proporcionar la seguridad de la transmisión de enfermedades, picaduras de insectos o mordeduras de animales.

Cristóbal Colón en 1492 y Pedro Álvarez en 1500 ya habían hablado de las hamacas en sus narraciones de viajes, pero no fue hasta 1537 que el cronista español Gonzalo Fernández realizó una descripción minuciosa: “Una manta tejida en parte, y en partes abierta, a escaques cruzados, hecha red, para ser más fresca… De los extremos de esta manta están asidos y penden muchos hilos de cabuya o de henequén.”

La mayoría de los expertos del mundo maya señalan que las hamacas fueron introducidas por los conquistadores españoles en la Península de Yucatán. Fray Diego de Landa no las menciona en su libro “Relación de las Cosas de Yucatán”, sin embargo, algunos arqueólogos contemporáneos señalan la existencia de algunas vasijas que representan a dignatarios mayas recostados en algo similar a una hamaca. Durante la época colonial el empleo de las hamacas en Yucatán se generalizó, de tal manera que los viajeros, aventureros y exploradores europeos que cruzaron la península en el siglo XIX, relatan su uso cotidiano por todas las clases sociales, incluyendo ellos mismos, este es el caso de Frederick Catherwood y John Stephens, que durante sus exploraciones en las inexploradas ruinas mayas siempre cargaron con sus inseparables hamacas.

Puede ser que el origen de las hamacas no sea Yucatán, pero fue aquí donde se perfeccionaron y comenzaron a inventarse nuevos tejidos hasta hallar los que perduran en nuestros días, y que consiste en hilos entrecruzados que se distienden o aprietan a voluntad. Las buenas hamacas se tejen a mano con ayuda de un bastidor y una aguja o lanzadera labrada en madera fuerte, que permite entrecruzar cada hilo. El trabajo puede tardar varias semanas en estar listo. Debes saber que ninguna hamaca es igual, ya que depende de las puntadas que realice cada artesano.

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