Conoce los misterios del Castillo de Chichén Itzá

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En Chichén Itzá se combinaron las visiones de las clases guerreras, así como de los nobles, intelectuales, maestros de las matemáticas y la astronomía. Ellos diseñaron una ciudad altamente eficiente y avanzada, dedicada en su totalidad a dos de los más poderosos dioses mayas, Kukulkán y Chaak, el creador del mundo y el dios del agua. Su pirámide central, de la que hoy te contaremos a fondo, en realidad fue un castillo para los gobernantes de la ciudad y se edificó en honor a los dioses, por ello su nombre es “El templo de Kukulkán.”

El Castillo de Chichén Itzá cuenta con un cuerpo dividido en dos lados con 9 zonas escalonadas a cada lado, haciendo un total de 18, número de meses que tenía el calendario maya. Además, tiene cuatro escalinatas, una por cada extremidad del cuerpo humano, con 91 escalones por escalera y sumando 364 escalones. Si a eso se le añade el remate de la pirámide hace un total de 365, el número de días que tiene un año para esta cultura, por lo cual es considerado el calendario más grande del mundo maya.

Si uno se coloca frente a la escalinata principal y comienza a desplazarse hacia la izquierda en línea recta, la barandilla de la escalera será visible entre los huecos que forman los diferentes niveles, haciendo que parezca que alguna criatura descomunal está descendiendo lentamente por la pirámide. Al llegar al lateral y ver completamente el otro lado, nos encontraremos de frente con la cabeza de una serpiente. Los mayas eran uno de esos pueblos que no dejaban nada al azar. El castillo de Kukulkán fue construido para lograr un impresionante efecto visual. Durante el equinoccio de primavera, el sol proyecta la sombra de los 9 niveles de la pirámide sobre la piedra de la escalera, creando la ilusión del cuerpo ondulado de una serpiente. Este momento era una de las fechas más importantes para los mayas de Chichén Itzá y, hoy en día, el descenso de la serpiente emplumada a la tierra sigue atrayendo a miles de curiosos.

Aunque el paso del tiempo y el clima han cubierto Chichén Itzá con un aspecto grisáceo y deteriorado, de piedra bruta, los edificios estaban pintados en su origen. El comercio y las redes de comunicación de los mayas eran muy extensas y les permitían transportar pigmentos minerales con los que pintaban sus construcciones y que eran considerados de gran valor. Los colores predominantes eran el rojo y el azul, colores sagrados para los mayas, seguidos del verde y el amarillo o dorado. En el show de luz y sonido nocturno, entre las diferentes imágenes del mapping que se proyecta en la pirámide se puede apreciar una secuencia con cómo se piensa que estaba decorado.

Cuando se hizo la primera incursión al interior de la pirámide, los arqueólogos encontraron una estatua del dios Chaak con el vientre plano, probablemente utilizada para dejar las ofrendas, y un valioso trono en forma de jaguar. El asiento era de piedra y estaba decorado con jade y presentaba el aspecto del temible dios Balam, señor de la noche y símbolo de poder y muerte para los mayas, como un jaguar con las fauces abiertas.

Investigaciones previas dentro de la pirámide descubrieron que, tras su fachada y primeras estancias, encerraba un segundo edificio. Los escáneres por ultrasonidos y últimos avances tecnológicos han permitido profundizar aún más y encontrar un tercer edificio en su interior. Los mayas crearon una especie de gigantesca matrioska en la que cada construcción era recubierta por otra de mayor tamaño.

La piedra caliza con la que está construida la pirámide fue saqueada durante años y utilizada para levantar iglesias u otros edificios. Cuando la ciudad fue redescubierta, se decidió hacer un proceso de restauración en el que se cogieron piedras de dos de los lados de la pirámide y se emplearon para arreglar la fachada principal y su colindante, haciendo que media pirámide tenga un aspecto excelente y la otra haya quedado más deteriorada.